Ponerse a los mandos de una avioneta resulta menos complicado de lo que muchos piensan. Sin pasar exámenes ni soportar largas clases teóricas, una empresa malagueña dedicada a la formación de pilotos y azafatas permite a los ciudadanos más osados adentrarse en la cabina de mandos y dirigir la ruta de una aeronave sin preparación previa.

El ‘bautizo aéreo’ puesto en marcha por Aerodynamics Málaga permite a los noveles adentrarse en el mundo de la aviación en primera persona. Con sólo asimilar una serie de nociones básicas y practicar en el simulador para conocer el funcionamiento de los controles ya es posible adentrarse en la pista de despegue del aeropuerto de la capital y seguir las indicaciones de los controladores aéreos.

Aunque quien tiene el control de la aeronave es el piloto de la empresa, en el mismo momento del despegue ya es posible sentir cómo se mueven los mandos. Instantes después, ya en el aire, es el novato quien dirige la aeronave, controla la altura e incluso puede escuchar las instrucciones de la torre de control. En todo este proceso, el piloto oficial sólo vigila que no se pierda el rumbo establecido y que no ocurra ningún incidente.

Juan Manuel Martín, jefe de enseñanza de Aerodynamics Málaga, explica que el vuelo suele durar unos 40 minutos, después de invertir otros 20 en un simulador. De vuelta a tierra firme, los bautizados reciben un diploma y un polo de recuerdo. «Por 195 euros es posible disfrutar de una hora de vuelo», reseña. Esta actividad puede desarrollarse cualquier día de la semana.

Los momentos más intensos suelen producirse durante el despegue. Después de revisar que todo está en orden y escuchar la previsión meteorológica -un canal de radio la detalla por diferentes alturas en un inglés casi indescifrable para los profanos- se solicita pista. El ‘Flying-Olive 73 alpha’ pide permiso para despegar y volar a unos 1.000 pies de altura (alrededor de 300 metros).

La torre de control autoriza la aproximación a la pista y, mientras se espera, un gran Airbus de Iberia levanta sus ruedas del suelo a escasos 100 metros de distancia. Parece que se ha colado. «A los pequeños siempre nos putean», bromea el piloto. Tras la senda del avión comercial se inicia la maniobra de salida. En esta ocasión salen tres avionetas modelo Cessna 172 a la vez para realizar un reportaje fotográfico e inmediatamente se coge rumbo a Torrox. «Es muy interesante ver la evolución que está teniendo el litoral», explica el piloto.

No le falta razón. Apenas quedan espacios libres de construcción y muchos viajes tienen como objetivo conocer los cambios del terreno. En otras ocasiones, relata, se dirigen hacia la costa occidental para pasar por Fuengirola, Marbella y divisar el norte de África. Al regresar a tierra explica que este programa es muy solicitado como regalo, tanto de cumpleaños como de despedida de solteros.

Ésta no es la única actividad que desarrolla la escuela de pilotos. Entre las que tienen más aceptación se encuentra el curso para combatir el miedo a volar, impartido por psicólogos y complementado con dos horas de simulador y una de vuelo. Además forman a pilotos privados o de líneas aéreas. «Pocas personas saben que estos títulos se pueden obtener sin salir de la provincia», dice.

Via Diario Sur