Con un año de retraso sobre la fecha prevista se inaugurarán finalmente las instalaciones de la nueva terminal de Barajas. Su puesta en servicio, que debería haber sido una realidad en febrero de 2005, tiene desde ayer una nueva fecha oficial, que ya nos sitúa en el 5 de febrero de un año después. Este último cambio de planes, sin embargo, no es de los más drásticos. De hecho, supone una demora de una semana sobre la última fecha de apertura que se barajaba -el 29 de enero-. Según Aena, la empresa que gestiona las instalaciones aeroportuarias, la decisión de aplazar la apertura de la T-4 se ha adoptado «de común acuerdo» con las compañías aéreas que operarán en las nuevas instalaciones, es decir, Iberia y sus socios en la alianza Oneworld.

El motivo, dicen, la necesidad de «rematar» el acondicionamiento de los edificios y terminar además la puesta a punto de todos los sistemas para que la operación se realice sin problemas. Por lo que se ve, nadie quiere pillarse los dedos el día de la puesta de largo de la T-4 y prefieren caer en un retraso «poco significativo» -como es este último, de una semana- para garantizar el éxito de un traslado tan complejo. Precisamente, lo que no cambiará será el día de la semana elegido para proceder a la mudanza de las compañías aéreas -un total de 29, que concentrarán más del 60 por ciento del tráfico aéreo de Barajas-. Seguirá siendo en domingo, puesto que la actividad ese día en el aeropuerto madrileño desciende notablemente.

Traslado de un día para otro

Y es que el desembarco en la T-4 será radical, de un día para otro. Iberia y sus socios cambiarán de terminal en cuestión de horas, un traslado que deberá hacerse de madrugada y con agilidad para evitar un bloqueo en el aeropuerto.

Mientras llega la nueva fecha de apertura, en el interior del nuevo Barajas siguen los remates. Las pruebas de ingeniería que se han realizado en los últimos meses han arrojado resultados favorables y la puesta en marcha de todos los sistemas operativos también. Se han hecho chequeos del sistema de tratamiento de equipajes, de carga de aeronaves, de rotación de vuelos e incluso pruebas en el aparcamiento de vehículos situado en el exterior de los edificios terminales.

La prueba de fuego tuvo lugar a finales de noviembre, cuando se iniciaron una cadena de simulacros para poner a punto todos los servicios aeroportuarios. Más de trescientos «extras» reprodujeron el ajetreo de un día cualquiera en Barajas. En total, se organizaron veinte vuelos «ficticios»: seis con sólo equipaje y catorce con pasajeros y equipaje. El objetivo, probarlo todo: problemas en el sistema informático, fallos de seguridad, periodos de hora punta y contratiempos en el sistema de tratamiento de equipajes. De momento, dicen, todo funciona. El día 5 de febrero los primeros viajeros reales lo comprobarán.